Cristina en el País de las Maravillas

Cristina, de la noche a la mañana, entró en un mundo de absurdos y paradojas, donde la lógica era sinónimo de confusión. Un mundo sin reglas ni duración definida, en el que ni siquiera tenía un conejo al que poder seguir. Cristina no recuerda qué día entró en él, pero será incapaz de olvidar cada uno de los años que permaneció allí. Y es que en aquel mundo, ella iba a ser “la extraña”.
Por eso cada vez que salía al patio del colegio en ese mundo de maravillas, lo hacía sabiendo que iba a recibir balonazos y estirones de pelo, eso era algo cotidiano; costumbres de aquí, pensaba. El problema es que, de vez en cuando, los habitantes de aquel universo se volvían más locos que de costumbre. Por ejemplo, un día la arrastraron hasta un baño mágico y allí, entre varios, le enredaron la cadena del váter al cuello, mientras le gritaban “¡Rara! ¡Monstruo!”.
A Cristina se la llevaron a un hospital y allí dieron constancia de las lesiones que sufrió. El caso fue remitido a la Fiscalía de Menores, y la denuncia se archivó porque en ese mundo con menos de 14 años usted tiene más licencias que 007. La directora del centro, otro personaje, declaró que sólo había sido un empujón.
Y es que Cristina tenía un gran problema: era superdotada, y eso le impedía adaptarse a aquel mundo de maravillas en el que se premiaba al violento e ignorante y en cambio se castigaba al inteligente.
Sus padres intentaron que la ascendiesen varios cursos pero las autoridades no lo permitieron. Y es que en ese mundo si uno es un tarugo puede repetir las veces que sea necesario, pero no está contemplado que pueda ocurrir lo contrario. Algo normal si tenemos en cuenta que a los gobernantes de ese universo, para serlo no se les pide ni el graduado escolar.
Cristina continuó teniendo problemas, lo que le llevó a caer en una depresión, a dejar los estudios y a intentar quitarse la vida. La familia acudió a la Defensora del Mundo de las Maravillas para pedir ayuda. Y lo que hicieron fue -no se asombren, pues ya les digo que es un mundo sin lógica- publicar la resolución sobre Cristina en internet, junto a sus apellidos, los centros donde había estudiado, y añadiendo -por si faltaba algo- que estaba en tratamiento psiquiátrico.
Un día Cristina consiguió salir de ese mundo de maravillas donde había sufrido su infancia y, al acabar el Bachillerato, fue seleccionada entre los 200 expedientes más brillantes de España para recibir un importante beca. Un día antes de escoger a los 50 mejores, el director del programa la llamó y le dijo que era una excelente alumna, pero que habían descubierto que había necesitado ayuda psiquiátrica. No podían arriesgarse a seleccionarla. ¿Cómo lo sabían?
Cristina tecleó su nombre en Google y descubrió toda su historia relatada por la Defensora. Como ven, en ese mundo de tarugos, quien tenía que protegerla, vulneró su intimidad, los profesores en lugar de ayudarla eludían responsabilidades y los agresores por ser menores de 14 años tenían vía libre para seguir haciendo con ella lo que quisieran. Ah, y no voy a hablar de los padres de los agresores porque vomitaría la cena.
.
P.D.: Silvia es una niña de 12 años que por sufrir un Trastorno por Déficit Atencional (TDA), también ha estado en ese mismo mundo que hace poco dejó Cristina. La última aventura de Silvia ocurrió cuando un habitante de ese mundo loco le echó pegamento en la silla, le dio una patada y le preguntó si quería que le enseñara el pito. Silvia dijo que quería morirse, algo que con 12 años no suele ser demasiado normal.
Después de aquello su padre la sacó de allí, y ahora lleva 17 meses sin ir a clase. Está matriculada en una escuela de educación a distancia y quizás su relación con el mundo educativo se reduzca a la habitación que ustedes ven en la foto. “No llevaré a mi hija al colegio si no me dan una solución”, asegura su padre. “Mi hija no volverá a desear morirse”.
La foto la he tomado prestada del diario 20 Minutos.



