Jun 20 2010

El copago político

Inauguración carretera

Hace unos días la ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, anunció que en septiembre presentará una propuesta para aplicar la denominada “factura en la sombra“: una factura simbólica donde se indicará a los ciudadanos el coste real de las prestaciones y medicamentos subvencionados por la Sanidad Pública. Dicen que así los usuarios sabrán cuánto ha costado una radiografía, un fármaco o su estancia en un hospital, evitando que recurran a ellos de forma indiscriminada.

Como seguramente esto no servirá para nada, pues conforme llegue la carta a casa ésta irá directamente a la basura, tengan por seguro que el siguiente paso será el copago. Es decir, que usted tendrá que abonar una cantidad simbólica por cada servicio que utilice. El problema es que esto es un arma de doble filo, pues por una parte puede evitar todas esas visitas innecesarias que muchas veces colapsan urgencias, pero por otra puede ser el principio del fin: la sanidad de pago.

De todas formas no se preocupen, pues a un servidor se le ha ocurrido otra propuesta que quizás nos ahorre muchísimo más dinero: el copago político. La idea es que cada vez que nuestros políticos -y de paso la Casa Real- utilicen un servicio o realicen un gasto, se les envíe una “factura en la sombra” que les indique el coste que nosotros, los ciudadanos, hemos tenido que asumir. Y de paso se les reste un pequeño importe en su nómina. ¿Qué les parece?

Así, cada vez que uno de nuestros ministros utilice un coche o avión oficial, se vaya de comilona a esos restaurantes Michelín, realice una llamada con su móvil tarifa plana, coja un taxi o duerma en un hotel 5*, le llegaría a su casa una facturilla con el importe del gasto efectuado, y un descuento en su nómina.

Con esta medida conseguiríamos -además de un enorme ahorro en las arcas públicas- hacerles comprender que en un coche caben al menos cuatro personas, que para comer no hacen falta 5 tenedores -con una cuchara, un cuchillo y un tenedor basta-, y que para dormir lo único que hace falta es una habitación aceptable y sueño.

Y lo más importante de todo, los datos serían públicos. Así los políticos, al saber cuánto nos ha costado que cojan un A8, que se coman unos langostinos o que duerman en una habitación con Don Perignon en el minibar, quizás eviten hacerlo de forma indiscriminada. ¿Quién sabe?

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P.D: La imagen que encabeza el post fue tomada hace unos meses y representa la inauguración de una carretera. Si uno la mira superficialmente observará que en la foto salen -como recompensa a su esfuerzo- los de siempre. Pero si usted la analiza con detenimiento durante unos minutos e imagina todos los gastos que hay detrás de la imagen: viaje, coche, chófer, manutención, alojamiento… igual le da una úlcera.

Y es que quizás podríamos ahorrarnos todo este gasto inútil si en la foto, en lugar de aparecer los figurantes de siempre, estuvieran unos cuantos trabajadores destapando una placa en la que pusiera: “Los ciudadanos han conseguido, con sus impuestos, la realización de esta carretera”.

La foto la he tomado prestada de El Mundo.


Jun 6 2010

Democracia es esto

Belén Esteban ganando Más que Baile

El otro día un amigo me comentó que, tras ver un concurso en la televisión, comprendió el significado de la palabra democracia. Me dijo “Puedes leer mil libros, ver documentales o buscar la definición en el diccionario, pero nunca llegarás a comprender de una forma tan clara lo que significa la democracia como viendo la final del concurso Más que baile”. Así que, como en mi casa la televisión no es más que un apéndice para el DVD, me tocó navegar un poco por internet e informarme de qué iba la cosa.

El programa en cuestión es un concurso en el que, según he podido averiguar, hay unos tipos que pretenden hacer que bailan, otros que pretenden hacer que les puntúan y un público que aplaude pretendiendo hacer que le gusta. Pero lo que más me llamó la atención es que Belén Esteban -que cada día se parece más a Dios en eso de la omnipresencia- también participaba y que además era, entre las peores, la más mala.

Pero a lo que íbamos, llegó el día de la final y los miembros del jurado -que en principio son los que entienden- no votaron ganadora a la Esteban, sino a otra, que parece ser era la que mejor bailaba. En un principio el concurso podría haber acabado así, pero parece ser que el voto de los ‘profesionales’ en realidad no valía; en realidad lo único válido era la voz del pueblo, el voto popular. Y saben para quién fue… sí, para la que peor bailaba.

Tras esto usted puede asegurar que si el concurso hubiera sido de cocina, tiro al plato, matemáticas o de memorizar Reyes Godos, siempre que hubiese existido el voto popular, la ganadora habría sido la misma. ¿Por qué?, se preguntará. Pues la respuesta es muy sencilla, quizás porque ella es la persona más parecida al populacho que vota: es una persona que grita más que habla, que insulta, que puede levantarse y darle a usted un guantazo si es necesario, que habla sin propiedad, que se lucra criticando a los demás…

Si usted traslada todo este desaguisado a la vida política, descubrirá que no hay mayor lección de democracia. Esa es la razón por la que entre nuestros ministros no haya grandes científicos, filólogos, escritores, ingenieros… sino simples trepas que en la mayoría de los casos no saben ni lo que tienen que hacer. Ésa es la razón por la que en los partidos, de cara a las elecciones, siempre se quiera fichar a la Norma Duval o al Joaquín Sabina de turno. Ésa es la razón también por la que podemos ver cosas tan denigrantes como a José Blanco yendo a la Noria o a gente aplaudiendo a un tipo como Camps.

Y es que la democracia es un arma de doble filo, pues mientras el pueblo es medianamente inteligente, medianamente sensato, la democracia suele funcionar como sistema. Pero en cuanto ese pueblo se vuelve tan vulgar que es capaz de ser comprado por una miserable ayuda de 400 euros o por una F1 mientras los colegios de su ciudad se están cayendo a trozos, la democracia deja de ser tan maravillosa; entre otras cosas, porque puede votar -y se puede comprar- cualquiera.

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P.D.: Si mira usted atentamente la foto podrá descubrir que existen demasiadas similitudes entre la victoria de la Esteban y la de cualquier político. Y es que ambos presumen de haber ganado aun sabiendo que no tienen ni idea en esa materia, ambos felicitan al perdedor y ambos le dan siempre las gracias al pueblo diciendo: “La gente es inteligente y sabe lo que vota”.


May 30 2010

Mi primera comunión… y la última

Rebaño de ovejas

Hace un tiempo me contaron la historia de una niña que el día de su primera comunión, tras las prisas por peinarse, tras vestirse con ese traje de princesa, tras enseñar todos los regalos a sus amigos, tras hacerse las fotos en el parque, tras cortar la tarta en el convite, repartir los detalles y recibir besos y abrazos de todo el mundo, cuando llegó a casa por la noche, se dio cuenta de que no había pasado por la iglesia. Sus padres no dijeron nada.

Seguramente esta historia sea falsa, pero no por ello imposible. Pues mayo es el mes en el que florece esa hipocresía que todos llevamos dentro: es el mes de las comuniones. El post de hoy no va dirigido a aquellos creyentes -y practicantes- que en base a su religión celebran lo que se llama la primera comunión; va dirigido a todos los demás, a la inmensa mayoría.

Va dirigido a todos esos padres que cuando el que comulga no es su hijo, se pasan toda la ceremonia en el bar de enfrente tomando unas cañas; a esos padres que cuando se ponen a contar chistes de curas se parten la caja; a esos padres que le confiesan a uno que lo peor que llevan de esto de la comunión es el coñazo de la catequesis, y a esos padres que te dicen tan tranquilos: “esta tarde me toca hacer el paripé con el cura”.

Y es que llevo ya unas cuantas semanas oyendo a amigos y conocidos quejarse de todo el agobio de la comunión: el banquete, el fotógrafo, el cura, la lista de regalos… Por eso, cada vez que me dicen algo así -ignorante que es uno-, les hago la pregunta de rigor: “entonces, ¿por qué hace la comunión?” Y es cuando se quedan con esa cara de no sabe, no contesta.

Así que hoy voy a aprovechar este post para contestarles, pues yo sí sé la respuesta. Lo hacen porque es más fácil seguir al rebaño que sentarse un rato con su hijo y explicarle las razones por las que no han ido nunca a misa con él anterioremente, ni piensan hacerlo una vez pase la ceremonia.

Y es que cuando uno rasca y busca la verdadera esencia de esa primera comunión -y seguramente última- es cuando se da cuenta de que todo es material, que en realidad no hay nada más. Pero eso tiene fácil arreglo: aproveche un cumpleaños del niño o el día que le de la gana y dese el capricho de invitar a la familia, de viajar a Disney o de hacerse unas buenas fotos, pero no sea tan hipócrita de hacer que su hijo comulgue con algo que ni siquiera usted cree.

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P.D.: Tengo un gran amigo que un día me dijo: “Si mi hijo cuando tenga la edad de tomar la primera comunión, la quiere tomar, lo hará. Lo llevaremos un día a una iglesia, le darán la hostia y a casa”. Creo que es lo más sincero que me han dicho nunca. Como ven las cosas se pueden hacer de muchas formas.

Con respecto a la foto, seguro que ahora ya le encuentran más sentido a eso del rebaño que dice la Biblia.

La foto la he tomado prestada de Flickr. Su autor es jomudo.


May 9 2010

Ciudadanos ejemplares

Bolsas en el mar

Hace un tiempo, Carrefour lanzó una mega campaña para comunicar que iba a dejar de regalar bolsas de plástico en sus supermercados, Bolsa Caca se llamaba. Intentó justificar dicha decisión basándose en los beneficios que obtendría el medio ambiente. Pues bien, esta misma semana Carrefour ha dado marcha atrás. Pero claro, esto no ha salido prácticamente en ningún medio.

En cualquier otro país este anuncio hubiese sido recibido con tristeza, pero amigos, esto es España. Por eso si usted se pasa por alguno de los foros en los que se comenta la noticia -menéame, 20 minutos, etc- descubrirá que la gente, en lugar de lamentar dicha decisión, inexplicablemente se alegra.

La opinión general es que a los de Carrefour les importaba un pepino el medio ambiente, y que con esta campaña lo que en realidad perseguían era ahorrarse unos céntimos por bolsa. Evidentemente, si multiplicamos 3 o 4 céntimos por los millones de bolsas que regalaban, sale una pasta.

Pero para averiguar eso no hace falta ser un lumbrera. ¡Claro que lo hacían por beneficio propio! ¿Y qué? Nadie piensa en que, si además conseguimos que haya menos bolsas, será mejor para todos. Pues no, ya ven, la gente se agarra a cualquier excusa con tal de no coger unas bolsas de tela, meterlas en el bolso e ir a comprar con ellas.

Como ven a los consumidores españoles no se nos engaña fácilmente. Por eso, en cuanto regalen otra vez las bolsas, volveremos tan contentos al Carrefour. Eso sí, seguramente para compensar el coste de las bolsas nos incrementarán 3 céntimos cada bote de cerveza o coca-cola y todos tan felices, lo dicho semos mu listos.

En estos mismos foros también se comenta que, en realidad, una medida así no era necesaria, pues aquí todos somos muy responsables. Por eso la mayoría de nosotros utilizamos las bolsas justas y necesarias, y además cuando llegamos a casa las reutilizamos todas para rellenarlas con basura. Vamos, que en realidad somos ciudadanos ejemplares.

De hecho, si usted quiere saber lo ejemplares que somos no tiene más que darse una paseo por su ciudad. Seguramente al segundo paso ya habrá descubierto más de 20 manchas negras en el suelo, no se preocupe, son chicles. Cuando lleve unos cuantos pasos más, habrá tenido que esquivar algún excremento de perro, y si sigue caminando no tardará en ver cómo algún ciudadano civilizado tira un cigarrillo, un pañuelo o un envoltorio al suelo.

Además, si decide tomar ese paseo temprano, seguro que descubre a algún ciudadano ejemplar, que en lugar de tirar la basura por la noche, lo hace por la mañana -aprovechando que va al trabajo-, porque sabe que así, si el día sale caluroso, los afortunados vecinos que tengan las ventanas cerquita del contenedor, dispondrán de un perfume exquisito en la casa sin necesidad de comprar ningún ambientador, por no hablar de las moscas, claro.

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P.D.: Como ven, en un país donde sus ciudadanos son tan civilizados, lo de dejar de regalar las bolsas no tendría ningún sentido.

Por eso, este verano, cuando usted se meta en la playa y vea que algo gelatinoso se adhiere a su cuerpo, no tema, hay muchas posibilidades de que en lugar de una medusa, sea un condón, una compresa o una bolsa de plástico como las de la foto; una bolsa de ésas que algún turista -seguramente extranjero- se ha dejado olvidada en nuestras playas. Malditos guiris.

La foto la he tomado prestada de la página de la Surfrider Foundation