El copago político

Hace unos días la ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, anunció que en septiembre presentará una propuesta para aplicar la denominada “factura en la sombra“: una factura simbólica donde se indicará a los ciudadanos el coste real de las prestaciones y medicamentos subvencionados por la Sanidad Pública. Dicen que así los usuarios sabrán cuánto ha costado una radiografía, un fármaco o su estancia en un hospital, evitando que recurran a ellos de forma indiscriminada.
Como seguramente esto no servirá para nada, pues conforme llegue la carta a casa ésta irá directamente a la basura, tengan por seguro que el siguiente paso será el copago. Es decir, que usted tendrá que abonar una cantidad simbólica por cada servicio que utilice. El problema es que esto es un arma de doble filo, pues por una parte puede evitar todas esas visitas innecesarias que muchas veces colapsan urgencias, pero por otra puede ser el principio del fin: la sanidad de pago.
De todas formas no se preocupen, pues a un servidor se le ha ocurrido otra propuesta que quizás nos ahorre muchísimo más dinero: el copago político. La idea es que cada vez que nuestros políticos -y de paso la Casa Real- utilicen un servicio o realicen un gasto, se les envíe una “factura en la sombra” que les indique el coste que nosotros, los ciudadanos, hemos tenido que asumir. Y de paso se les reste un pequeño importe en su nómina. ¿Qué les parece?
Así, cada vez que uno de nuestros ministros utilice un coche o avión oficial, se vaya de comilona a esos restaurantes Michelín, realice una llamada con su móvil tarifa plana, coja un taxi o duerma en un hotel 5*, le llegaría a su casa una facturilla con el importe del gasto efectuado, y un descuento en su nómina.
Con esta medida conseguiríamos -además de un enorme ahorro en las arcas públicas- hacerles comprender que en un coche caben al menos cuatro personas, que para comer no hacen falta 5 tenedores -con una cuchara, un cuchillo y un tenedor basta-, y que para dormir lo único que hace falta es una habitación aceptable y sueño.
Y lo más importante de todo, los datos serían públicos. Así los políticos, al saber cuánto nos ha costado que cojan un A8, que se coman unos langostinos o que duerman en una habitación con Don Perignon en el minibar, quizás eviten hacerlo de forma indiscriminada. ¿Quién sabe?
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P.D: La imagen que encabeza el post fue tomada hace unos meses y representa la inauguración de una carretera. Si uno la mira superficialmente observará que en la foto salen -como recompensa a su esfuerzo- los de siempre. Pero si usted la analiza con detenimiento durante unos minutos e imagina todos los gastos que hay detrás de la imagen: viaje, coche, chófer, manutención, alojamiento… igual le da una úlcera.
Y es que quizás podríamos ahorrarnos todo este gasto inútil si en la foto, en lugar de aparecer los figurantes de siempre, estuvieran unos cuantos trabajadores destapando una placa en la que pusiera: “Los ciudadanos han conseguido, con sus impuestos, la realización de esta carretera”.
La foto la he tomado prestada de El Mundo.



