Jun 27 2010

La culpa siempre es de los demás

Motorista sin casco
El pasado miércoles, 23 de junio, doce vidas se apagaron en apenas un segundo. Y con el apagar de esas vidas desaparecieron demasiadas cosas: la ilusión de unas familias que no volverán a reír igual, las conversaciones que ya no tendrán el mismo sabor, los planes que se han quedado sin futuro, las tardes con ese grupo de amigos en los que siempre habrá un vacío…

Y ahora, tras la desgracia, llega el momento de buscar responsabilidades; unas responsabilidades que normalmente siempre se quieren encontrar fuera. Y es que parece que el ser humano puede aceptar mejor el dolor si desvía la culpabilidad a los demás. Unos lo harán porque de esa forma quizás puedan erosionar la tristeza que llevan dentro; otros, simplemente porque, aunque el dinero jamás podrá sustituir una vida, lo buscarán con más ansiedad de la deseada.

El problema en este caso es que -aunque suene políticamente incorrecto- los únicos culpables son los fallecidos, porque en lugar de hacer cola unos minutos y utilizar un paso subterráneo, decidieron cruzar las vías por un lugar no permitido. Unos pocos minutos….

Pero a pesar de esa realidad, durante estas semanas usted oirá cosas como que el tren iba demasiado deprisa -como si 20km/h arriba o abajo hubiesen cambiado algo-, que el paso subterráneo era demasiado estrecho o que el tren que llegaba no avisó. Vamos, como si usted cruzase a pie una autovía y la culpa la tuviesen los coches por no utilizar el cláxon.

Mejor nos iría si en lugar de buscar responsabilidades a toro pasado, las buscásemos antes; si hubiese más educación, más civismo y más sentido común. Y es que casos como estos ocurren todos los días. Basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que los seres humanos somos los únicos a los que se nos tiene que amenazar para que no nos hagamos daño.

Por eso, porque somos así, no hay verano en el que no muera un bañista que se ha empeñado en nadar con la bandera roja -poniendo en peligro además a los socorristas-, por eso no hay semana que no muera una persona a la que se le “olvidó” ponerse el cinturón de seguridad, por eso todos los días hay alguien que atraviesa las vías por donde no debe… Para muestra la siguiente noticia: “tan sólo un día después de la fatal tragedia que ha costado la vida a 13 personas en la estación de Castelldefels, los Mossos d’Esquadra han multado en esa misma estación a una joven extranjera por cruzar las vías“.

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P.D.: Un casco sirve para proteger la parte más valiosa de nuestro cuerpo, en principio, la cabeza. Pero, evidentemente, hay seres humanos que cuando van en moto prefieren proteger otras partes del cuerpo mucho más importantes, por ejemplo el bolsillo. Por eso el tipo de la foto lleva el casco en el codo, porque así, si ve a un policía cerca le da tiempo a ponérselo y evitar la multa.

Si este tipo tuviese ahora mismo un accidente y cayese de lado, seguramente se rompería el brazo en tres trozos. Lo mínimo que debería hacer es denunciar al fabricante del casco por no haber tenido en cuenta que hay gente que prefiere salvar el codo antes que la cabeza.

P.D.2: Mi más sentido pésame a las familias.

La foto la he tomado prestada de www.ideal.es.


Jun 13 2010

Literatura Indie

El bolígrafo de gel verde

Les pido disculpas por adelantado porque hoy no voy a escribir ese artículo irónico y crítico que ustedes esperaban. Y es que hoy me apetecía compartir con ustedes un gran logro que he conseguido en ese proyecto que llevo paralelo a este blog.

Hace aproximadamente 6 meses me propuse publicar mi primera novela de forma independiente. Preferí evitar los caminos asfaltados e ir por sendas entre montañas, con sus valles y cumbres, con sus dificultades e ilusiones. Preferí dejar de un lado editoriales y distribuidoras, y hacerlo todo yo mismo.

Ha sido medio año en el que no he parado de ir, con mi coche cargado de libros, de ciudad en ciudad realizando presentaciones, promocionando la novela en librerías, luchando para que me dejasen venderla en depende qué lugares, etc.

Y aunque ha habido momentos en los que he pensado en abandonar, aquí me tienen. El resultado de todo esto es que ya se han vendido 2200 ejemplares y todo gracias al boca a boca.

Me ha costado entrar en las grandes superficies, pues todas las compras se centralizan y es casi imposible dar una oportunidad a alguien desconocido. Pero miren, al final, y más por pesado que por otra cosa, se me han ido abriendo puertas.

Hasta ahora la novela únicamente estaba disponible en librerías de las provincias de Castellón, Valencia, Alicante y Ciudad Real. Pero hace poco conseguí uno de mis grandes objetivos: que la novela pudiese llegar a cualquier punto de España.

Hace unos días conseguí entrar en La Casa del Libro, uno de esos grandes logros que tenía en mente. Así que si les apetece y tienen una Casa del Libro cerca pueden pedir la novela en la propia librería o a través de su página web.

Sé que algún día tendré que tirar la toalla y dejar que mi novela navegue a través de una editorial, pues hay veces que las puertas que se cierran son mucho más pesadas que la fuerza de un servidor, pero hasta entonces, como se suele decir, que me quiten lo bailao.

Aprovecho para darles las gracias, pues yo lo único que he hecho es escribir una novela, pero ustedes -los lectores- están consiguiendo que siga creciendo.

Así que ahora que llega el verano, y hay un poco más de tiempo para dedicarle a la lectura, les invito a que la lean.

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P.D.: Si disponen de dos minutos, les invito a que oigan la primera página de mi novela leída por una lectora: Clarisa Leal. Hay detalles como éste que consiguen hacer grande un libro.


May 30 2010

Mi primera comunión… y la última

Rebaño de ovejas

Hace un tiempo me contaron la historia de una niña que el día de su primera comunión, tras las prisas por peinarse, tras vestirse con ese traje de princesa, tras enseñar todos los regalos a sus amigos, tras hacerse las fotos en el parque, tras cortar la tarta en el convite, repartir los detalles y recibir besos y abrazos de todo el mundo, cuando llegó a casa por la noche, se dio cuenta de que no había pasado por la iglesia. Sus padres no dijeron nada.

Seguramente esta historia sea falsa, pero no por ello imposible. Pues mayo es el mes en el que florece esa hipocresía que todos llevamos dentro: es el mes de las comuniones. El post de hoy no va dirigido a aquellos creyentes -y practicantes- que en base a su religión celebran lo que se llama la primera comunión; va dirigido a todos los demás, a la inmensa mayoría.

Va dirigido a todos esos padres que cuando el que comulga no es su hijo, se pasan toda la ceremonia en el bar de enfrente tomando unas cañas; a esos padres que cuando se ponen a contar chistes de curas se parten la caja; a esos padres que le confiesan a uno que lo peor que llevan de esto de la comunión es el coñazo de la catequesis, y a esos padres que te dicen tan tranquilos: “esta tarde me toca hacer el paripé con el cura”.

Y es que llevo ya unas cuantas semanas oyendo a amigos y conocidos quejarse de todo el agobio de la comunión: el banquete, el fotógrafo, el cura, la lista de regalos… Por eso, cada vez que me dicen algo así -ignorante que es uno-, les hago la pregunta de rigor: “entonces, ¿por qué hace la comunión?” Y es cuando se quedan con esa cara de no sabe, no contesta.

Así que hoy voy a aprovechar este post para contestarles, pues yo sí sé la respuesta. Lo hacen porque es más fácil seguir al rebaño que sentarse un rato con su hijo y explicarle las razones por las que no han ido nunca a misa con él anterioremente, ni piensan hacerlo una vez pase la ceremonia.

Y es que cuando uno rasca y busca la verdadera esencia de esa primera comunión -y seguramente última- es cuando se da cuenta de que todo es material, que en realidad no hay nada más. Pero eso tiene fácil arreglo: aproveche un cumpleaños del niño o el día que le de la gana y dese el capricho de invitar a la familia, de viajar a Disney o de hacerse unas buenas fotos, pero no sea tan hipócrita de hacer que su hijo comulgue con algo que ni siquiera usted cree.

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P.D.: Tengo un gran amigo que un día me dijo: “Si mi hijo cuando tenga la edad de tomar la primera comunión, la quiere tomar, lo hará. Lo llevaremos un día a una iglesia, le darán la hostia y a casa”. Creo que es lo más sincero que me han dicho nunca. Como ven las cosas se pueden hacer de muchas formas.

Con respecto a la foto, seguro que ahora ya le encuentran más sentido a eso del rebaño que dice la Biblia.

La foto la he tomado prestada de Flickr. Su autor es jomudo.


May 9 2010

Ciudadanos ejemplares

Bolsas en el mar

Hace un tiempo, Carrefour lanzó una mega campaña para comunicar que iba a dejar de regalar bolsas de plástico en sus supermercados, Bolsa Caca se llamaba. Intentó justificar dicha decisión basándose en los beneficios que obtendría el medio ambiente. Pues bien, esta misma semana Carrefour ha dado marcha atrás. Pero claro, esto no ha salido prácticamente en ningún medio.

En cualquier otro país este anuncio hubiese sido recibido con tristeza, pero amigos, esto es España. Por eso si usted se pasa por alguno de los foros en los que se comenta la noticia -menéame, 20 minutos, etc- descubrirá que la gente, en lugar de lamentar dicha decisión, inexplicablemente se alegra.

La opinión general es que a los de Carrefour les importaba un pepino el medio ambiente, y que con esta campaña lo que en realidad perseguían era ahorrarse unos céntimos por bolsa. Evidentemente, si multiplicamos 3 o 4 céntimos por los millones de bolsas que regalaban, sale una pasta.

Pero para averiguar eso no hace falta ser un lumbrera. ¡Claro que lo hacían por beneficio propio! ¿Y qué? Nadie piensa en que, si además conseguimos que haya menos bolsas, será mejor para todos. Pues no, ya ven, la gente se agarra a cualquier excusa con tal de no coger unas bolsas de tela, meterlas en el bolso e ir a comprar con ellas.

Como ven a los consumidores españoles no se nos engaña fácilmente. Por eso, en cuanto regalen otra vez las bolsas, volveremos tan contentos al Carrefour. Eso sí, seguramente para compensar el coste de las bolsas nos incrementarán 3 céntimos cada bote de cerveza o coca-cola y todos tan felices, lo dicho semos mu listos.

En estos mismos foros también se comenta que, en realidad, una medida así no era necesaria, pues aquí todos somos muy responsables. Por eso la mayoría de nosotros utilizamos las bolsas justas y necesarias, y además cuando llegamos a casa las reutilizamos todas para rellenarlas con basura. Vamos, que en realidad somos ciudadanos ejemplares.

De hecho, si usted quiere saber lo ejemplares que somos no tiene más que darse una paseo por su ciudad. Seguramente al segundo paso ya habrá descubierto más de 20 manchas negras en el suelo, no se preocupe, son chicles. Cuando lleve unos cuantos pasos más, habrá tenido que esquivar algún excremento de perro, y si sigue caminando no tardará en ver cómo algún ciudadano civilizado tira un cigarrillo, un pañuelo o un envoltorio al suelo.

Además, si decide tomar ese paseo temprano, seguro que descubre a algún ciudadano ejemplar, que en lugar de tirar la basura por la noche, lo hace por la mañana -aprovechando que va al trabajo-, porque sabe que así, si el día sale caluroso, los afortunados vecinos que tengan las ventanas cerquita del contenedor, dispondrán de un perfume exquisito en la casa sin necesidad de comprar ningún ambientador, por no hablar de las moscas, claro.

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P.D.: Como ven, en un país donde sus ciudadanos son tan civilizados, lo de dejar de regalar las bolsas no tendría ningún sentido.

Por eso, este verano, cuando usted se meta en la playa y vea que algo gelatinoso se adhiere a su cuerpo, no tema, hay muchas posibilidades de que en lugar de una medusa, sea un condón, una compresa o una bolsa de plástico como las de la foto; una bolsa de ésas que algún turista -seguramente extranjero- se ha dejado olvidada en nuestras playas. Malditos guiris.

La foto la he tomado prestada de la página de la Surfrider Foundation