Ciudadanos ejemplares

Hace un tiempo, Carrefour lanzó una mega campaña para comunicar que iba a dejar de regalar bolsas de plástico en sus supermercados, Bolsa Caca se llamaba. Intentó justificar dicha decisión basándose en los beneficios que obtendría el medio ambiente. Pues bien, esta misma semana Carrefour ha dado marcha atrás. Pero claro, esto no ha salido prácticamente en ningún medio.
En cualquier otro país este anuncio hubiese sido recibido con tristeza, pero amigos, esto es España. Por eso si usted se pasa por alguno de los foros en los que se comenta la noticia -menéame, 20 minutos, etc- descubrirá que la gente, en lugar de lamentar dicha decisión, inexplicablemente se alegra.
La opinión general es que a los de Carrefour les importaba un pepino el medio ambiente, y que con esta campaña lo que en realidad perseguían era ahorrarse unos céntimos por bolsa. Evidentemente, si multiplicamos 3 o 4 céntimos por los millones de bolsas que regalaban, sale una pasta.
Pero para averiguar eso no hace falta ser un lumbrera. ¡Claro que lo hacían por beneficio propio! ¿Y qué? Nadie piensa en que, si además conseguimos que haya menos bolsas, será mejor para todos. Pues no, ya ven, la gente se agarra a cualquier excusa con tal de no coger unas bolsas de tela, meterlas en el bolso e ir a comprar con ellas.
Como ven a los consumidores españoles no se nos engaña fácilmente. Por eso, en cuanto regalen otra vez las bolsas, volveremos tan contentos al Carrefour. Eso sí, seguramente para compensar el coste de las bolsas nos incrementarán 3 céntimos cada bote de cerveza o coca-cola y todos tan felices, lo dicho semos mu listos.
En estos mismos foros también se comenta que, en realidad, una medida así no era necesaria, pues aquí todos somos muy responsables. Por eso la mayoría de nosotros utilizamos las bolsas justas y necesarias, y además cuando llegamos a casa las reutilizamos todas para rellenarlas con basura. Vamos, que en realidad somos ciudadanos ejemplares.
De hecho, si usted quiere saber lo ejemplares que somos no tiene más que darse una paseo por su ciudad. Seguramente al segundo paso ya habrá descubierto más de 20 manchas negras en el suelo, no se preocupe, son chicles. Cuando lleve unos cuantos pasos más, habrá tenido que esquivar algún excremento de perro, y si sigue caminando no tardará en ver cómo algún ciudadano civilizado tira un cigarrillo, un pañuelo o un envoltorio al suelo.
Además, si decide tomar ese paseo temprano, seguro que descubre a algún ciudadano ejemplar, que en lugar de tirar la basura por la noche, lo hace por la mañana -aprovechando que va al trabajo-, porque sabe que así, si el día sale caluroso, los afortunados vecinos que tengan las ventanas cerquita del contenedor, dispondrán de un perfume exquisito en la casa sin necesidad de comprar ningún ambientador, por no hablar de las moscas, claro.
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P.D.: Como ven, en un país donde sus ciudadanos son tan civilizados, lo de dejar de regalar las bolsas no tendría ningún sentido.
Por eso, este verano, cuando usted se meta en la playa y vea que algo gelatinoso se adhiere a su cuerpo, no tema, hay muchas posibilidades de que en lugar de una medusa, sea un condón, una compresa o una bolsa de plástico como las de la foto; una bolsa de ésas que algún turista -seguramente extranjero- se ha dejado olvidada en nuestras playas. Malditos guiris.
La foto la he tomado prestada de la página de la Surfrider Foundation




