May 9 2010

Ciudadanos ejemplares

Bolsas en el mar

Hace un tiempo, Carrefour lanzó una mega campaña para comunicar que iba a dejar de regalar bolsas de plástico en sus supermercados, Bolsa Caca se llamaba. Intentó justificar dicha decisión basándose en los beneficios que obtendría el medio ambiente. Pues bien, esta misma semana Carrefour ha dado marcha atrás. Pero claro, esto no ha salido prácticamente en ningún medio.

En cualquier otro país este anuncio hubiese sido recibido con tristeza, pero amigos, esto es España. Por eso si usted se pasa por alguno de los foros en los que se comenta la noticia -menéame, 20 minutos, etc- descubrirá que la gente, en lugar de lamentar dicha decisión, inexplicablemente se alegra.

La opinión general es que a los de Carrefour les importaba un pepino el medio ambiente, y que con esta campaña lo que en realidad perseguían era ahorrarse unos céntimos por bolsa. Evidentemente, si multiplicamos 3 o 4 céntimos por los millones de bolsas que regalaban, sale una pasta.

Pero para averiguar eso no hace falta ser un lumbrera. ¡Claro que lo hacían por beneficio propio! ¿Y qué? Nadie piensa en que, si además conseguimos que haya menos bolsas, será mejor para todos. Pues no, ya ven, la gente se agarra a cualquier excusa con tal de no coger unas bolsas de tela, meterlas en el bolso e ir a comprar con ellas.

Como ven a los consumidores españoles no se nos engaña fácilmente. Por eso, en cuanto regalen otra vez las bolsas, volveremos tan contentos al Carrefour. Eso sí, seguramente para compensar el coste de las bolsas nos incrementarán 3 céntimos cada bote de cerveza o coca-cola y todos tan felices, lo dicho semos mu listos.

En estos mismos foros también se comenta que, en realidad, una medida así no era necesaria, pues aquí todos somos muy responsables. Por eso la mayoría de nosotros utilizamos las bolsas justas y necesarias, y además cuando llegamos a casa las reutilizamos todas para rellenarlas con basura. Vamos, que en realidad somos ciudadanos ejemplares.

De hecho, si usted quiere saber lo ejemplares que somos no tiene más que darse una paseo por su ciudad. Seguramente al segundo paso ya habrá descubierto más de 20 manchas negras en el suelo, no se preocupe, son chicles. Cuando lleve unos cuantos pasos más, habrá tenido que esquivar algún excremento de perro, y si sigue caminando no tardará en ver cómo algún ciudadano civilizado tira un cigarrillo, un pañuelo o un envoltorio al suelo.

Además, si decide tomar ese paseo temprano, seguro que descubre a algún ciudadano ejemplar, que en lugar de tirar la basura por la noche, lo hace por la mañana -aprovechando que va al trabajo-, porque sabe que así, si el día sale caluroso, los afortunados vecinos que tengan las ventanas cerquita del contenedor, dispondrán de un perfume exquisito en la casa sin necesidad de comprar ningún ambientador, por no hablar de las moscas, claro.

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P.D.: Como ven, en un país donde sus ciudadanos son tan civilizados, lo de dejar de regalar las bolsas no tendría ningún sentido.

Por eso, este verano, cuando usted se meta en la playa y vea que algo gelatinoso se adhiere a su cuerpo, no tema, hay muchas posibilidades de que en lugar de una medusa, sea un condón, una compresa o una bolsa de plástico como las de la foto; una bolsa de ésas que algún turista -seguramente extranjero- se ha dejado olvidada en nuestras playas. Malditos guiris.

La foto la he tomado prestada de la página de la Surfrider Foundation


Feb 14 2010

¿Discriminación positiva?

Fotos de J.K. Rowling y Stephenie Meyer

Como ustedes ya conocen mi vicio por esto de la escritura, voy a confesarles que antes de autopublicar mi novela, estuve durante un tiempo presentándome a cientos de concursos literarios. De aquella etapa hay algo que jamás conseguiré olvidar: pude presentarme a todos los certámenes excepto a uno. Les cuento.

En aquella época, concurso que salía concurso al que me presentaba. En esa vorágine literaria descubrí que en mi propia ciudad había uno denominado “RELATOS DE MUJERES“. Las bases indicaban que los textos debían tener como protagonista a una mujer o a un grupo de mujeres. Algo normal, pues cada concurso elige la temática que desea.

Así que me puse manos a la obra; tardé unas semanas en acabarlo pero finalmente mi relato cumplía con lo exigido: extensión mínima, máxima, tipo de letra… perfecto. El problema vino cuando, justo antes de enviarlo, me releí las bases: sólo podían participar mujeres. Cómo lo oyen. Pero esperen, que viene la segunda parte del chiste: el concurso lo convocaba el Negociado de Promoción de la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres del Ayuntamiento de Castellón.

Desconcertado volví a mirar las bases: “los trabajos deberán presentarse sin firma y sin seudónimo, en sobre cerrado”, vamos que el concurso era secreto. Entonces, si se presentasen también hombres, ¿qué discriminación podría existir si a priori el jurado no puede saber el género de quien ha escrito el relato?

Como no entendía nada, investigué si realmente el mundo de las letras era un ámbito excluyente para las mujeres. Miré mi propia biblioteca e hice lo que nunca antes había hecho: ver el porcentaje de autores y autoras que tenía. Y así, grosso modo, tenía algunos libros más escritos por hombres que por mujeres, pero claro, yo no tengo la culpa de que Saramago y Millás escriban tanto. Menos mal que mi querida Ana María Matute compensaba esa exageración de testosterona.

Visto que en mi casa no existía esa discriminación literaria, supuse que era cosa sólo de los premios, por eso comencé a revisar los últimos otorgados: Nobel, Herta Müller; Premio Alfaguara, Andrés Neuman; Premio Planeta, Ángeles Caso; Premio Pulitzer, Junot Díaz; Premio Nadal, Clara Sánchez… Nada, aquí tampoco. Algo lógico, pues en principio los concursos son secretos.

Pero finalmente descubrí que si usted se va a una librería cualquiera y vigila a todos los compradores, se dará cuenta de que nadie compra los libros por su argumento; lo único que miran es si el libro lo ha escrito un hombre o una mujer, la temática les da igual. Por eso ningún escritor/a pone su foto en los libros.

De hecho, este sábado que estuve en la calle -tapado hasta la cabeza por el frío- promocionando mi novela, cada vez que le hablaba a alguien del libro lo primero que me preguntaban era: ¿es usted mujer u hombre? Cuando le aclaraba que era lo segundo, entonces me decían ¿y de qué va la novela?

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P.D.: Si el año que viene continúan con esta estupidez, pienso presentarme al concurso. Como en principio “es secreto” nadie podrá saber quién soy hasta el final. Así, si tengo la suerte de ganar, subiré a recoger el premio para ver si a alguien del jurado (que curiosamente sí puede estar formado por hombres y mujeres) se le cae la cara de vergüenza.

P.D.2: En este país, desgraciadamente aún existen numerosas exclusiones sociales para las mujeres, principalmente en el ámbito laboral. Así que políticos y políticas, dediquen su esfuerzo y dinero a luchar contra la discriminación salarial, el acoso sexual, el despido por maternidad o el debido a una excedencia previa por cuidado de hijos, y déjense de hacer el ridículo.

Fotografías: J.K. Rowling (Harry Potter) y Stephenie Meyer (Crepúsculo), dos personas que han conseguido triunfar en la literatura sin necesidad de que hagan concursos sólo para ellas.


Jan 24 2010

Las compresas financiarán a los investigadores españoles

Una calle vacía

Miren esta gran avenida, no cabe ni un alfiler. Ésta fue, sin duda, una de las protestas más numerosas que se recuerdan en nuestro país. Cinco millones de manifestantes según los sindicatos, cuatro y medio según la policía, uno según el gobierno y diez según la oposición.

Si uno se fija, distinguirá varios grupos de personas. A la izquierda están aquellos que se cagan en todo cada vez que su móvil se queda sin cobertura; a su lado los que, cada vez que el gps se vuelve loco, echan rayos por la boca; en frente, los que no entienden por qué ayer el hombre del tiempo dijo que hoy haría sol y ha llegado a casa empapado…

Y en el centro, con esa gran pancarta blanca que ocupa toda la foto, aquéllos que se llevan las manos a la cabeza cada vez que les dicen que no existe tratamiento -ni esperanza- para sus familiares enfermos, aquéllos que se han dado cuenta de que en España a las enfermedades raras también se les llama invisibles, o los que no entienden por qué hay embarazadas que se quedan sin epidural durante el fin de semana.

Como les veo un poco despistados, les recuerdo que toda esta gente salió a protestar el mismo día en que el gobierno anunció su gran recorte en ciencia e innovación. Como se puede observar en la foto, fue una respuesta masiva, sin precedentes. Salimos en masa porque no éramos capaces de comprender que el gobierno se gastase millones en un Plan E -consistente en contratar a las mismas empresas de siempre para repavimentar las calles ya pavimentadas-, y en cambio recortase el presupuesto destinado a la investigación.

Afortunadamente, las empresas privadas han comenzado a reaccionar. El otro día me enteré de que Ausonia, por cada envase vendido de compresas, colaborará con un minuto de investigación contra el cáncer de mama. Así que a partir de ahora, los investigadores lo único que tienen que hacer es, esperar a ver los resultados de ventas del Carrefour para saber los minutos que podrán trabajar al mes siguiente.

En realidad, es una buena iniciativa, por eso animo a que los fabricantes de condones paguen un minuto para investigar el cáncer de próstata por cada envase vendido, los de cremas bronceadoras para el de piel y los de pastillas Juanola para el de tráquea. Todo esto sólo tiene un aspecto negativo, y es que las empresas privadas, por muy buenas intenciones que tengan, al final querrán rentabilizar toda esa investigación. Por eso no les extrañe que, lo ocurrido con la gripe A -sacar el medicamento antes que la enfermedad-, suceda con más frecuencia.

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P.D.: Cuando se propuso este recorte, la única protesta destacable vino del mundo de los blogs. Parece como si a la mayoría de la población nuestro futuro le importase un bledo.

Por eso les aseguro que en España, si de pronto el gobierno disminuyese a cero el presupuesto para investigación y ciencia, habría tantas personas protestando como las que ustedes ven en la fotografía. Me juego una cena.

La foto la he tomado prestada de FLICKR. Su autor es: Cesar.
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Jan 17 2010

Los auténticos dioses

Foto de Omayra Sánchez atrapada bajo los escombros

El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz entró en erupción devastando todas las poblaciones rurales con las que se encontró a su paso. De entre todas ellas, Armero (Colombia) fue la que más sufrió, muriendo casi la totalidad de sus 25.000 habitantes. Pero de entre todas esas vidas, sin duda la que más tardó en desaparecer fue la de una niña de 13 años: Omayra Sánchez.

Omayra, en el momento en que la muerte vino a buscarla, estaba con su hermano mayor, su padre y su tío. Todos ellos quedaron sepultados bajo los escombros de su propia casa, todos menos ella que se mantuvo atrapada encima de los cuerpos de sus familiares, como si éstos, ya sin vida, aún intentasen mantenerla a flote.

Cuando “los socorristas” intentaron sacarla, comprobaron que sus piernas estaban atrapadas. La solución: amputarlas, pero carecían de medios. Otra alternativa consistía en traer una motobomba para succionar el fango, pero -cosas de la vida- la única disponible estaba lejos, así que decidieron dejarla morir. Durante tres días las cámaras de televisión estuvieron retransmitiendo su agonía en directo, hasta que el 16 de noviembre -tres días después- murió.

En 1985 el hombre ya hacía varios años que había pisado la Luna, sacábamos petróleo a miles de metros de profundidad y nuestros misiles podían acertar un blanco a unas distancias considerables; en cambio, no fuimos capaces de rescatar el cuerpo de una niña que, como mucho, debía tener las piernas a poco más de un metro bajo el fango. Y lo más curioso de todo es que durante el año anterior el volcán ya había dado varias señales de una creciente actividad, pero nadie hizo nada.

Recordaré siempre aquella época por dos razones: la primera es que estuve varias noches llorando por esa niña que tenía mi edad y acababa de morir ante mis ojos, y la segunda porque coincidió con que comenzaban -en el catecismo- a inculcarme la idea de Dios. Esos dos sucesos se mezclaron en mi cabeza de forma confusa y, con apenas nueve años, me planteé preguntas que muchos adultos aún no son capaces de hacerse.

Con el tiempo me he dado cuenta de que cuando un tsunami se lleva por delante 250.000 vidas o un terremoto arrasa un país, los primeros que van a ayudar son personas normales: médicos, voluntarios, bomberos… gente que sin pensárselo dos veces acuden en ayuda de los necesitados. En cambio nunca he visto por allí a ningún cardenal, entendible en cierta manera, pues ¿quiénes son ellos para para contradecir la voluntad de su Dios?

Por eso, hace ya mucho tiempo, decidí cambiar de religión y, en lugar de subvencionar a unos sacerdotes que dedican la mayor parte de su vida a meterse con los que no piensan igual que ellos, decidí ayudar a personas que dan su vida por los demás, que hacen lo que yo no me atrevería a hacer. Personas que están más cerca del cielo de lo que lo estará nunca ninguno de los habitantes del Vaticano.

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P.D.: Si usted se ha dado cuenta de que cualquier pared del Vaticano bastaría para hacer llegar toda la ayuda necesaria a Haití, y en cambio ve que allí no hay previstas reformas, le animo a que cambie de religión.

Yo le propongo éstas:

La foto la he tomado prestada de Contact Press Images. Fue realizada por Frank Fournier
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