El sujeto y el paisaje

En la foto que encabeza este post se pueden distinguir perfectamente dos distancias focales. En un primer plano, de forma nítida, podemos ver a una niña con un bañador de colores que sale del agua. Lo hace corriendo quizás porque tiene frío y quiere, cuanto antes, llegar a la toalla; o quizás porque le da vergüenza -propia y ajena- que la estén observando como si fuera un animal en un zoo.
En un segundo plano, mucho más difuminado, podemos distinguir lo que comúnmente llamamos el paisaje, y que en este caso, en lugar de estar compuesto por árboles que a la vez forman un bosque, lo está por un montón de tipos y tipas que forman la plebe. Un montón de gente esperando a no se sabe muy bien qué. Todos ellos permanecen ahí de pie, bajo el sol, sobre la arena, simplemente observando, nada más.
Seguramente si esa misma espera la estuvieran haciendo en el chiringuito de turno para pedir unas bravas, alguno ya habría montado en cólera. Pero en cambio ahí los tienen -algunos con cámara en mano-, mirando, sin saber que están incomodando a esa niña. Y es que lo de ser maleducado muchas veces no es algo que se haga conscientemente, simplemente se hace justamente por eso, porque uno no ha recibido la educación adecuada.
Si analizamos a cada uno de los individuos que forman ese bosque de mirones, observaremos que la mayoría de ellos son personas adultas, es decir, apenas hay niños. Esto tiene una fácil explicación, pues los niños van a la playa a disfrutar, a divertirse, a jugar… en definitiva, van a la playa porque tienen algo que hacer y no aguantarían más de dos minutos mirando como otra niña sale del agua.
En cambio, a los adultos, a los que se supone más civilizados, ahí los tienen, viendo como una niña se baña, simplemente porque es conocida, simplemente porque los medios de desinformación han estado insistiendo en ello durante semanas. Y es que así, al menos ese día tendrán algo que contar a sus amigos: que han visto a la niña de los Obama bañarse en la playa. Y así pasará otro día. Triste.
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P.D.: Seguramente usted habrá visto muchas más veces este paisaje, al de la muchedumbre obervante me refiero, pues suele aparecer en muchísimas fotos, en muchísimas ocasiones, por ejemplo, siempre que un famosete pase cerca.
Pero también podrá observarlos siempre que haya un accidente o una situación de peligro. Los distinguirá perfectamente porque jamás aparecen en un primer plano ayudando a los heridos, colaborando o intentando defender al agredido; no, ellos se mantendrán ahí, atrapados en ese borroso segundo plano del que nunca podrán salir.
La foto la he tomado prestada de lacomunidad.elpais.com.





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